¿Estás realmente escuchando? Lo que sí y lo que no es la escucha activa
¿Estás realmente escuchando? Lo que sí y lo que no es la escucha activa
A muchos nos ha pasado. Estás en una reunión, alguien te explica un problema con ese tono de “esto me tiene al límite” y mientras esa persona habla, tu cabeza ya va en el plan de acción, en la respuesta “correcta” o en lo que quieres dejar claro. Cuando por fin el otro termina, respondes rápido y ahí llega la frase que nos hace sentir pena: “No, no era eso. Siento que no me estás escuchando”.
Esa incomodidad es una pista muy diciente porque escuchar, de verdad, no es quedarte callado mientras el otro habla; menos en un entorno laboral donde todo el mundo corre, trabaja con presión y cada conversación puede terminar afectando una decisión, un cliente o un equipo.
La escucha activa es una técnica de comunicación que consiste en prestar atención plena e intencional a la otra persona, intentando comprender lo que dice, y también lo que comunica con su lenguaje no verbal para responder con empatía y confirmar que entendiste bien. No se trata de estar de acuerdo, se trata de hacer el ejercicio de entender antes de reaccionar.
En la práctica, se nota cuando alguien te escucha activamente porque sientes tres cosas: te están siguiendo, no te están juzgando a toda velocidad y se toman el tiempo de confirmar lo importante. Eso pasa cuando hay atención real (sin celular, sin multitarea mental), cuando la otra persona devuelve algo de lo que escuchó (un resumen o un parafraseo) y cuando además, el lenguaje no verbal acompaña con un contacto visual, una postura receptiva, gestos de interés como asentir con la cabeza.
Ahora, hablemos de lo que solemos llamar “escuchar”, pero no lo es.
A veces lo que hacemos es una escucha selectiva. Captas una frase, te quedas con una palabra clave y el resto se te vuelve ruido. Esto pasa mucho cuando crees que ya sabes por dónde va el tema; otras veces es escucha pasiva: escuchas, pero no procesas; estás ahí, pero mentalmente estás en otra parte. También existe la escucha “por educación”: en esta asientes, dices “sí, claro”, pero en el fondo estás esperando el momento para hablar.
Para aterrizarlo, un ejemplo de lo que no sería escucha activa. Alguien del equipo te dice: “Me preocupa el plazo, no creo que lleguemos” y tu respondes: “Tranquilo, eso se resuelve, hacemos horas extra y ya”. Suena eficiente, pero ahí no escuchaste activamente; saltaste directo a la solución sin confirmar qué estaba pasando. Quizás el problema real no era el tiempo, sino que el alcance cambió o que dependemos de un tercero o que el equipo está agotado.
La escucha activa, en cambio, sonaría así: “Entiendo que el plazo te está generando presión. Para entender bien: ¿qué es lo que más te preocupa, la carga de trabajo o que dependemos de otros?”. Esa pregunta no solo abre información; también baja el nivel de tensión, porque la otra persona siente que estás con ella en el problema, no encima de ella. Las preguntas abiertas y de clarificación son parte esencial de la escucha activa justamente por eso; ayudan a entender mejor y a que el otro piense con más claridad.
¿Y por qué esto importa tanto para los administradores de empresas? Porque gran parte del trabajo en esta profesión no es “saber más”, sino coordinar mejor. Coordinar mejor casi siempre depende de conversaciones con tu equipo, con clientes, con proveedores, con aliados. La escucha activa reduce malentendidos, mejora la colaboración, fortalece la confianza y ayuda a resolver conflictos con menos desgaste. Cuando la gente se siente escuchada, tiende a participar más, proponer más y resistirse menos al cambio.
Además, en 2026 esto se vuelve todavía más relevante porque trabajamos cada vez más en entornos híbridos, con chats, videollamadas, notas de voz y equipos diversos. En ese contexto, escuchar activamente también es aprender a leer matices, preguntar mejor y confirmar lo entendido antes de asumir.
Si quieres empezar a practicar una escucha activa, prueba esta rutina en tu próxima conversación importante: escucha sin interrumpir (de verdad, sin ensayar la respuesta). Después, devuelve un resumen corto tipo: “Si te entiendo bien, lo que pasa es…”. Y cierra con una pregunta abierta que ayude a aterrizar: “¿Qué sería un buen resultado para ti en esta situación?” o “¿Qué opción te hace más sentido?”. En menos de un minuto, ya subiste el nivel de la conversación.
Un indicador rápido para saber si estás escuchando activamente, puede ser hacerte esta pregunta al final: ¿puedo explicar lo que la otra persona dijo sin distorsionarlo? Si la respuesta es “más o menos”, ahí tienes un entrenamiento pendiente.
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