Inicio de año y sostenibilidad cuando la administración pone en orden el triple impacto

Cómo arrancar el año poniendo en orden la sostenibilidad: decisiones de triple impacto, gestión de riesgos y prioridades para 2026 en organizaciones de Colombia.
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Blog 2 - Inicio de año y sostenibilidad

Inicio de año y sostenibilidad: cuando la administración pone en orden el triple impacto

En muchas organizaciones, la sostenibilidad aparece fuerte a principio de año, cuando se formulan planes, y vuelve a escena al final, cuando hay que cerrar informes, campañas o premios. Pero vista desde la administración, la sostenibilidad no es un capítulo aparte, sino la forma de responder una pregunta incómoda: ¿cómo estamos haciendo empresa sin deteriorar el futuro de las personas ni del entorno?

El cierre de año es un buen momento para dejar de hablar solo de “compromisos” y revisar decisiones concretas. ¿Qué tanto se notó en la operación el discurso de sostenibilidad?, ¿qué cambió en la forma de comprar, producir, transportar, gestionar residuos o relacionarnos con el territorio?, ¿cómo llegó el equipo a diciembre en términos de bienestar y condiciones de trabajo?, ¿qué huella social dejamos en los barrios, comunidades o cadenas de proveedores con las que trabajamos?

Desde la administración, cerrar el año en clave de sostenibilidad implica cruzar tres planos: números, impactos y personas. Los números hablan de consumo de
recursos (energía, agua, materias primas), costos asociados a ineficiencias y riesgos; los impactos muestran cómo afectan las decisiones al entorno social y ambiental; y las personas recuerdan que la sostenibilidad también pasa por condiciones laborales dignas, diversidad, equidad y cuidado del talento.

No se trata de arrancar con el reporte perfecto, sino de hacer visible lo que ya se hizo y lo que todavía no se ha tocado: esos procesos que siguen siendo intensivos en papel, en plástico o en horas extra; esos contratos que no preguntan por criterios ambientales o sociales; esas metas de sostenibilidad que nunca se conectaron con el presupuesto.

Sostenibilidad empresarial en Colombia: del “extra” al motor de competitividad

En Colombia, la sostenibilidad dejó de ser un adorno hace rato. Estudios recientes muestran que más del 88 % de las empresas analizadas por Pacto Global Red
Colombia declara tener acciones de sostenibilidad, lo que indica que el tema ya está instalado en la agenda corporativa. Al mismo tiempo, se ha consolidado como un factor de competitividad: solo en 2024, el sector privado destinó cerca de 925 mil millones de pesos a iniciativas de responsabilidad social y sostenibilidad, según cifras de Fenalco Solidario, lo que refleja que cada vez más compañías ven en estos temas una inversión estratégica, no un gasto accesorio.

El país también cuenta con marcos de política que empujan en esa dirección. La Política de Crecimiento Verde, adoptada mediante el CONPES 3934, trazó una
hoja de ruta para aumentar la productividad asegurando el uso sostenible del capital natural y la inclusión social al 2030. A esto se suma el Plan Nacional de Negocios Verdes, que busca fomentar empresas y emprendimientos que generen empleo y crecimiento económico cuidando los ecosistemas, con instrumentos e incentivos específicos para este tipo de iniciativas.

Pero el panorama no es solo de avances. La crisis climática está elevando la presión sobre las empresas para que reduzcan emisiones y asuman metas de neutralidad de carbono, y ya no solo sobre las grandes corporaciones: informes de organizaciones empresariales anticipan que en los próximos años la exigencia llegará con más fuerza a las compañías medianas y pequeñas en América Latina, que muchas veces tienen menos apoyo regulatorio y menos capacidad técnica para responder.

Para quienes ejercen la administración, esto se traduce en una tensión muy práctica: hay más expectativas, más indicadores y más exigencias, pero los equipos siguen teniendo el mismo tiempo (o menos) y recursos limitados. Cerrar el año en sostenibilidad, entonces, también implica decidir qué es material para la organización, qué podemos medir de forma realista, qué debe integrarse en los procesos centrales y qué tendrá que esperar.

Mirar hacia 2026: hacer que la sostenibilidad cuente en la gestión, no solo en el discurso

Con este contexto, diciembre puede convertirse en un punto de inflexión. Más que “entregar un informe”, se trata de usar el cierre de año para que la sostenibilidad
deje huella en la forma de administrar la organización. Tres movimientos pueden ayudar:

El primero es traducir la sostenibilidad a pocas decisiones y pocos indicadores claros. En lugar de intentar cubrir todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible a la vez, la administración puede elegir de tres a cinco frentes que sean realmente críticos para el modelo de negocio: por ejemplo, eficiencia energética, gestión de residuos, bienestar del equipo, inclusión laboral o impacto en la comunidad. Cerrar el año significa mirar qué se hizo en cada uno, con qué resultados y qué ajustes de proceso o presupuesto se necesitan para 2026. Menos listas, más foco.

El segundo movimiento es llevar la sostenibilidad a la mesa donde se toman las decisiones duras. Cuando se renegocia un contrato con proveedores, se decide
una nueva sede, se diseña un producto o se recorta un gasto, la voz de la sostenibilidad suele llegar tarde o no llegar. La administración puede cambiar eso incorporando criterios de triple impacto en compras, en la evaluación de proyectos, en los incentivos internos y en la planificación financiera. Cerrar el año en esta clave implica preguntarse qué decisiones de 2025 habríamos tomado distinto si hubiéramos tenido más en cuenta los riesgos ambientales, sociales o de reputación, y cómo vamos a corregir el rumbo.

El tercer movimiento tiene que ver con la narrativa y la transparencia. En 2026, las organizaciones que no puedan explicar con datos simples qué están haciendo en sostenibilidad, por qué lo hacen y qué efectos está teniendo, se verán en desventaja frente a clientes, talento e inversionistas. No todas necesitarán un informe extenso, pero sí una historia coherente que conecte lo que se declara con lo que se hace. La administración puede liderar este ejercicio: ordenar la información dispersa, identificar evidencias, diferenciar entre acciones puntuales y cambios estructurales, y ayudar a construir el relato que se compartirá con los distintos grupos de interés.

Para las y los administradores, este cierre de año es una invitación a mover la sostenibilidad del terreno de los “proyectos especiales” al corazón de la gestión. Significa preguntarse cosas concretas: ¿qué decisiones de compra podríamos cambiar el próximo año para reducir residuos o emisiones?, ¿qué ajustes al diseño del trabajo podrían mejorar el bienestar del equipo?, ¿qué alianzas con negocios verdes, comunidades o instituciones públicas pueden potenciar nuestro impacto?, ¿qué indicadores sencillos podemos empezar a seguir desde enero para no volver a improvisar en diciembre?

Así, la sostenibilidad deja de ser únicamente un requisito o una tendencia y se convierte en forma de administrar el futuro de la organización: cuidando la caja, sí, pero también el capital natural, social y humano del que depende.

 

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